Herramientas Personales
Usted está aquí: Inicio

Ciudadanía onubense

Dioses

From Particulares. Published on 15/09/2014.


Un sofista afirmó que los dioses fueron creados para vigilar a las personas cuando nadie las ve. Y puede que dicho razonamiento tuviera éxito en su tiempo y lo tenga aún para muchas personas en éste. Pero, esta solución que aportaron los sofistas hace siglos dejó de ser válida, claramente, un instante después de enunciarse la misma. Porque… los pillos, los bellacos, los poderosos, saben desde siempre que todo esto es un cuento.
La ciudadanía vive en un mundo virtual -en planos diferentes de comprensión- creado por la política, la religión y, en los últimos tiempos, por los medios de comunicación social -todos ellos controlados por la fuerza del dinero.
El elemento que mueve al mundo es el dinero, lo demás son accesorios; ingredientes que absorben nuestros sentidos y que ocupan el tiempo del que disponemos. Son el cebo, la carnaza que el poder -el dinero- utiliza para mantenernos encorsetados, maniatados a un lugar y a un pensamiento único, aunque este varíe de un país a otro.
Somos peones insignificantes en la rueda del mundo. Soldados rasos en el ejército global. Obreros sin cualificación de la fábrica que gobierna el sistema.
Los dirigentes de esta empresa son unos cuantos desconocidos que gobiernan los hilos del poder como si cada país, en conjunto, fuera una marioneta que han aprendido perfectamente a manejar para que ejecute todo tipo de movimientos según las circunstancias y de acuerdo a las necesidades cuyas estrategias ellos determinan a cada instante, a cada momento, en cada época.
Ellos, esos anónimos manipuladores del dinero, son los verdaderos dioses paganos del siglo XXI. En algún lugar ejecutan a alguien o realizan atentados selectivos -podríamos citar infinidad de ejemplos acuñados en las páginas de la Historia o simplemente, leer de cuando en cuando la prensa diaria-; en otros sitios permiten que la población se muera de hambre sin que además le prestemos atención alguna a este aberrante hecho porque nos mantienen distraídos con manipuladas informaciones; o, si así interesa, por motivos geoestratégicos o de obtención -robos- de recursos, auspician guerras civiles y derrocan gobiernos legítimos.
El objetivo final es que la humanidad viva en la inopia: convertirnos en seres descerebrados. Eso es todo.
Paco Huelva
Septiembre de 2014

El río de mis ojos, de Ángel García López

From Particulares. Published on 15/09/2014.

elrode1
[(…) Nadie pregunte cómo. Fue en la playa
donde quiso morir, vivir de nuevo
buscando los recuerdos de su casa,
las huellas más antiguas de su cuerpo. (…)]

(De “Tierra de nadie”, de A. G. L.)

La editorial La isla de Siltolá que dirige Javier Sánchez Menéndez, acaba de poner en circulación “El río de mis ojos”, una Antología Poética (1963-2013) que contiene 50 años del decir de uno de los escritores vivos más relevantes de España, le pese a quienes les pese tal afirmación, como es el gaditano (gaditano no, roteño) Ángel García López.
Con una edición al cuidado de Tomás Rodríguez Reyes y con epílogo de José Jurado Morales, este ramillete de versos, este compendio de poemas, ahormados en el río de la mirada literaria de un ser que extiende su horizonte desde el comienzo de la posguerra civil española hasta nuestros días, sin perder un ápice de entereza por ser consciente, como es, de que el hecho literario transciende a cualquiera otra circunstancia, incluso hasta a la muerte misma. ¿Qué es la muerte si queda la palabra?
Un libro de cabezera de esos que deben tenerse a mano siempre. Un libro para leer cuando uno se pierde o para cuando uno cree que se ha encontrado, no importa. Un imprescindible de la poética española.
Ángel García López ha sido distinguido con multitud de reconocimientos. El premio Adonais, el Nacional de Literatura, el Nacional de la Crítica, el Ciudad de Irún, el Boscán, el Juan Ramón Jiménez, el Internacional Ciudad de Melilla, el Villa de Madrid, el Ciudad de Salamanca, el Internacional Generación del 27, el Villa de Rota, el de Poesía de Cáceres, el Andalucía de la Crítica…
Pero esto, siendo importante no lo es todo; incluso puede ser nada, porque, lo que de verdad interesa de la bibliografía de Ángel García López es la poesía contenida en sus obras. Su distinguido y distinguible verbo. Su poética. Su transitar por el tiempo manteniendo como base el cimiento de sus “Apuntes para una poética” que publicara por última vez en 1980, y que está incluido como introducción en el libro del que hablamos. Todo escritor debiera leer esos veinte consejos, esas veinte reglas que han hecho posible la fidelización de lo escrito por Ángel en sus cincuenta años de cosecha lírica.
De su persona y de su obra disertan tanto los profesores Tomás Rodríguez Reyes como José Jurado Morales (en el prólogo y el epílogo, como se ha dicho), pero, también lo hicieron en diversas épocas, tal como destaca Jurado Morales: Gerardo Diego, Leopoldo de Luis, José García Nieto, Francisco Umbral, José Hierro, Fernando Quiñones, Luis Alberto de Cuenca, Luis García Montero, Felipe Benítez Reyes, Jaime Siles o Ángel Luis Prieto de Paula entre otros.
Después de lo dicho por ellos sobre Ángel poco o nada puede decir este siempre aprendiz de todo que ahora escribe, excepto quizás lo que sigue:
El trazo lírico de Ángel es grueso, sin absurdas fintas estilísticas ni filigranas que a lado alguno conducen. El poeta va siempre a lo fundamental objetivo, a los sudores sudores, a la carne carne, a la tierra tierra.
Su poesía se asienta en el Sur. Pero en un sur que no es solo Andalucía; ésa, que es cierto, lo reviste y ensoña. Se trata del Sur que es el sur de todos lados; el lugar que pisa un Norte siempre próspero y que llena a sus moradores de una especial “saudade”. Ese Sur que amarra “al hombre” a la tierra, a los olores, a los sabores, al viento que mece las hojas pero también arranca arboledas; a la lluvia necesaria y a la dañina riada; a la alegría y el dolor de la vida; a las esponjas de nubes que nublan atardeceres y adelantan la llegada del ocaso y al sol que da vida pero también mata si se consume en exceso; al vino que pone luces, y estrellas nuevas, en los pesares que nos alcanzan; a la esperanza; al orgullo de ser, siendo coetáneo de tantas cosas y a la vez perecedero, pero no muerto, muerto no. A las dicotomías todas. Al cariño. Al amor imposible y posible. A los necesarios sueños. En fin, el Sur, ese “libro mortal de ejemplos” como lo define el poeta en un verso. ¡Qué hechizo para quienes encontraron ese venero!
Ángel García López no se reinventa, se asienta (ya lo he dicho) como el pan bazo una vez que sale del crisol de la tahona. Ve pasar los círculos y las generaciones poéticas sin perderlas de vista -su profesión de poeta vigilante no se lo permite- para ahondar más en la esencialidad, en lo que resta una vez que el viento pasa y queda solo la tierra. Donde tiene los pies clavados como simiente imperecedera a la espera sólo del agua del lector nuevo para dar frutos, para hacer escuela.
A comienzos del año pasado, en 2013, justo quizá cuando este libro se estaba gestando, tuve el gozo de leer, junto con Ángel, algunos de los poemas contenidos ¡es curioso! en esta antología, en mi propia tierra: en Huelva. Fue una noche loca llena de vinos, de risas, de discusiones, de rencillas y cotilleos entre literatos, de licores… y, sobre todo, de poemas.
Fue en el Bar 1900, allí fue. Y allí nos recibió la madrugada limpia que el Atlantico empujaba hacia nosotros, coronando una irrepetible noche que jamás se irá de mis entendederas.
Paco Huelva
Septiembre de 2014

Bichos VI

From Particulares. Published on 14/09/2014.


SERPIENTES
Ninguno de los dos la había visto. Ni siquiera la habían intuido. De ahí la sorpresa y luego el susto de Anastasia. ¡Pero susto! De seguro que estuvo escurriéndose a sus anchas por toda la finca y no se sabe cómo logró pasar desapercibida para ellos y lo que es más oscuro, para los perros y los gatos. Un misterio. ¡Vaya defensa que tenían!, se dijo.
Anastasia, después de desayunar y luego de despedir a Ignacio, que iba a echar el día cortando encinas para leña en la finca Los Mellado, se puso a rastrillar la zona de los rosales bravíos que habían nacido cerca del portalón de entrada, con objeto de que el yerbazal no los atosigara. Aunque eran bravíos, parecían de pitiminí y Anastasia se había encaprichado con ellos. Blancos como la nata, decía que eran.
En un momento dado, una de las horquillas del rastrillo chocó con unas maderas apolilladas que no recordaba que estuvieran allí ni a cuento de qué. Soltó el instrumento y comenzó a recoger los palos, que servirían para encender de forma rápida la chimenea cuando llegasen los rigores del invierno y ésta demandase su ración vegetal con la que mantener caldeada la estancia y ajena a las insistentes humedades de la sierra.
Al levantar uno de los maderos éste se quebró y, después de lo que vio, soltó el trozo que tenía en la mano mientras daba un brinco, acordándose de San Antonio bendito y otras figuras etéreas.
El bicho no se movía. Por lo que dada su quietud Anastasia se acercó con cautela y tocándolo con una vara larga comprobó que todo había sido un espejismo.
La serpiente ya no estaba allí. Estuvo, parecía que estuviera, pero ya no estaba. Ella se había mudado de piel. Había escogido ese lugar exclusivamente para eso. Su antiguo ropaje, su vieja apariencia, su camisa vieja es lo que allí dejó.
Hoy -¿estaría aún en la finca?-, ahora, arrastraría su silencioso cuerpo de nuevos y brillantes colores por otros lugares de caza. Anastasia tomó con la mano, ya sin miedo, el antiguo pijama de la serpiente y lo colgó en un olivo para que lo viera Ignacio.
Pero Anastasia no estaría ya tranquila en casa por un tiempo, temerosa de que en cualquier momento la serpiente se metiera en casa o anidara en el soberado, entre la paja, y le llenase de viborillas la misma.
Paco Huelva
Septiembre de 2014

Ni una ni grande ni libre

From Particulares. Published on 13/09/2014.


No creo que puedan existir hipócritas conscientes. No puede sostenerse un papel falso constantemente, excepto en casos muy excepcionales. Esto es lo que afirma Aldous Huxley, el afamado autor de “Un mundo feliz”, en una novela de poco éxito pero que quizá sea su obra maestra y que se denomina “Contrapunto”.
Contrapunto, tal como se expone en la contraportada de la edición realizada por Edhasa en 2002, es un apasionado y lúcido examen de la condición humana en el mundo contemporáneo; una exposición de ideas, emociones, deseos y esperanzas; un cuadro fiel de una sociedad que se desintegra en contradicciones irresolubles.
Pero, deseo resaltar, que en esta novela llena de musicalidad, lo que descuella por encima de todo son dos cualidades humanas: la hipocresía y la desesperanza.
Leyendo la misma no he tenido más remedio que pasar de la ficción huxleyana a la realidad del país que habitamos, España. Y me pregunto: ¿Cómo hará el hermético y pragmático Mariano Rajoy para encontrar la concordancia armoniosa de voces tan contrapuestas, como las que resuenan en nuestos oídos estos días, declamadas en la arena política? ¿Cómo? Porque, la papeleta es gorda; y seguir metiendo la cabeza en el ala del silencio, ese que tiene por norma, no sirve como respuesta a las necesidades de los moradores de los pueblos que conforman el mosaico, le guste o no a los inmovilistas, que es España.
España es un crisol de culturas, afortunadamente bien enquistadas en la solera que nos aporta cada tierra, cada región o cada pueblo; y para decir esto no es necesario ser antropólogo ni historiador.
En esa diferenciada idiosincrasia está nuestra riqueza. España no es Una ni Grande ni Libre. Dejémosno ya de nostálgicas chorradas. España es Muchas, Pequeña -en el contexto internacional- y Prisionera de las decisiones que se toman en otros foros financieros y políticos. Punto.
Es cierto que, en términos de derechos y deberes no debieran existir distinciones entre la ciudadanía de unos y otros territorios. Pero, la Constitución, esa norma legal, ese marco constituyente que nos aglutina, vela para que eso haya sido así hasta ahora. Y el hecho de que la misma impida el reconocimiento o no a una Comunidad para hacer un referendum, no es óbice para que, siguiendo escrupulosamente lo dictado en la misma, no pueda reformarse la Constitución y adecuarse a las necesidades políticas actuales, que no olvidemos, queramos o no, son diferentes, muy diferentes, a las que dieron origen al Pacto de Toledo.
Podríamos definir la existencia, y paso a la ficción y a lo metafórico, como un enorme escenario donde cada cual representa la obra de su vida. Si lo dicho fuera cierto, deberíamos preguntarnos: ¿quiénes serían los directores de tan magno espectáculo? ¿Quiénes escribirían los guiones? ¿Quiénes serían los encargados de asignar los papeles a cada cual? Porque, en cuanto al escenario y la coreografía, está claro que nos vienen impuestos por la madre Natura y por el lugar donde nacemos o nos desarrollamos, pero, ¿quiénes deciden el papel que hemos de representar en cada momento y cuándo debemos dejarlo o modificarlo? ¿Cuánto depende de nuestra capacidad, formación y esfuerzo y cuánto de los designios de la diosa Fortuna o de nuestra adscripción a un grupo de poder determinado? ¿Qué papel juega la hipocresía del poder -constituido- en ese reparto?
Porque esto que digo, si no se explica bien, y no se está haciedo señor Rajoy, puede llevarnos a la desesperanza de la que habla Huxley en Contrapunto.
Y la desesperanza lleva, entre otras cosas de las que hoy no toca hablar, a la búsqueda incasable de nuevos caminos porque no se dieron soluciones a los problemas de la ciudadanía en su momento; porque, recordemos, metimos la cabeza bajo el ala y no quisimos ver la realidad sino que la inventamos, y de esa forma erramos, garrafalmente, tal como lo están haciendo tanto el gobierno catalán como el español, que usted dirige.
De esta manera es imposible, por tanto, el consenso. El entendimiento necesario.
Y de esos mimbres vienen estos cestos.
¿A cuento de qué si no, viene la impresionante riada de la reciente Diada o la aparición de Podemos en la escena política?
Pues, está claro, no hay que ser estadista para dar respuesta a esa pregunta. A la encarrilación de la desesperanza de la ciudadanía en nuevas fórmulas que permitan vivir y no fagocitar las ansias de Ser de la sociedad; que es cambiante… ¡cambiantre no lo olvidemos! Y las leyes no pueden ser extáticas ni durar eternamente. Por ello, reitero, la Constitución a la que tanto apelan los conservadores, contiene, sabiamente, los requisitos para cambiarla, como no podía ser de otra manera.
Porque la desesperanza aparece justo cuando el telón cae y nos vemos a nosotros mismos como somos y no como nos hemos representado; no como nos quieren hacer ver… no como nos cuentan los rotativos… no como dicen los políticos…
Y la no satisfacción de necesidades fundamentales como el trabajo, la vivienda, la educación, la sanidad… trae consigo, tal como el caracol lleva su casa a cuestas o la golondrina busca hacer su nido en primavera, reivindicaciones del todo necesarias que han de hacérsele al Poder legítimo. ¿A quién si no?
Y no se puede esgrimir la Constitución como norma para unas cosas y callarse cuando lo que se reivindica es un trabajo digno, una educación pública de calidad, una vivienda, una sanidad universal y otras tantas cosas. O dentro o fuera, señor Rajoy.
Ni la Constitución es intocable ni la desesperación de la ciudadanía puede acallarse ya con palabras. Se necesitan hechos; y el órdago, y bien grande, está en su tejado. No por nada, sino porque es su responsabilidad, la que le dio el pueblo español: gobernar y dar solución a los problemas de España.
Al grano, hay que ir ya al puñetero grano. No hay más tiempo.
Paco Huelva
Septiembre de 2014

Beltenebros

From Particulares. Published on 12/09/2014.


Beltenebros, aparte de una maravillosa novela editada por el académico Muñoz Molina en 1989 -que sería llevada al cine por Pilar Miró y con la que conseguiría el Oso de Plata a la mejor dirección en el Festival de Cine de Berlín-, también es el nombre de un ensayo sobre la literatura clásica española escrito por el poeta y dramaturgo José Bergamín en 1969, que, como sabemos, vivió en Latinoamérica -especialmente en México- desde la caída de la República hasta 1970, año en que volvió a España donde murió en San Sebastián en1983.
Pero Beltenebros es por encima de todo algo más. Es el nombre que el ermitaño Andalod, residente en la peña Pobre, puso a Amadís de Gaula cuando se retiró de la caballería andante ante el rechazo de su amada Oriana, confundida como estaba la pobre por las malas artes del encantador Arcalaus.
Una gozada de libro que pocos han leído. Son de esos clásicos que, cuando preguntas por él a un escritor, dice inmediatamente haberle fascinado pero nada sabe del mismo porque no lo ha leído. No es extraño este comportamiento; la mayoría de los que se denominan escritores han leído poco, muy poco, y así no se va a lado alguno
Conforme pasan los días que tengo asignados en este fluir que es la vida, más me percato del poco conocimiento de la realidad literaria que tienen los que escriben y no digamos nada de la mayoría de los docentes: un verdadero páramo enredado en menudencias y estereotipos que dada la poca formación en la materia -la literatura es un virus, o se padece o se está inmunizado al mismo-, poco pueden enseñar a las venideras generaciones, siendo los responsables, como son, de ahorquillar las entretelas de los que tienen el derecho, y la obligación, de preparse para afrontar los retos que habrá de resolver la sociedad en el futuro.
La literatura necesita una retroalimentación contínua, un incesante volver a la génesis, a sí misma, a los orígenes de cada género, pero, eso, siendo evidente, no es más que una frase manida. La esencia sigue anaquelada en ringleras de textos llenos del polvo que acumula el paso incansable del tiempo, mientras que lo que se lee, no son más que baratijas.
El mercado, el negocio del libro, ha apostado por medianías, por la clonación de superventas que nada aportan al conocimiento del ser humano y al despertar de la fantasía, esa que crea mundos nuevos que explican el nuestro.
“Las aventuras de Amadís de Gaula”, el paladín esforzado, publicadas por primera vez en Zaragoza en 1508, fueron recogidas por Cervantes en el Quijote y tanto Santa Teresa de Jesús como el emperador Carlos V o el propio San Ignacio de Loyola, entre otros, manifestaron por escrito el placer que les produjo su lectura. ¡Bueno, y qué! Ahí están en la biblioteca universal sin que nadie repare en ellas.
En estos años que hollamos los que podemos hacerlo, llenos de conflictos por doquier, en donde, además, el liberalismo está barriendo de un plumazo todo el entramado social que se generó a partir del denominado “siglo de las luces”, no estaría de más leer el Amadís de Gaula, libro que puede datarse como la primera y más importante novela de este género que se imprimió en España y que Cervantes quiso, por boca del cura, el barbero, el ama y la sobrina de don Quijote, que no fuera quemado en la hoguera donde se destruyeron todos los libros del ingenioso hidalgo, por ser “el mejor de todos los libros de caballería que hasta ahora han compuesto; así como único en su arte.”
Amadís de Gaula, un personaje, nos ayudará a entender… a comprender en definitiva, de manera más certera que todos los manuales de enseñanza el valor del hecho literario, y cómo la imaginación es portadora de valores transcendentales para modificar, para cambiar las posiciones políticas e ideológicas en un mundo regido solo por consignas financieras.
Paco Huelva
Septiembre de 2014

Jacaranda VII

From Particulares. Published on 11/09/2014.


LA VENGANZA DE ANASTASIO
Si alguien piensa que un miembro de la iglesia, de cualquier confesión, va a rendirse sin presentar batalla sea el pleito que fuere, se equivoca de parte a parte.
Después de la derrota sufrida por el cura en el control de la prole que le estaba encomendada, como ya quedó escrito, éste, en un acto de humildad impropio de su persona, que vino a recordarle la calamitosa época como seminarista que pasó en Ávila, y justo después de bajar del campanario y de soltar la pública soflama que ahora le avinagraba la sangre, se arrodilló ante el Cristo de la Buenamuerte y exclamó como una expiración: ¡Ayuda a este sumiso siervo, Señor!
Habría que añadir, que el comportamiento irregular de Anastasio se debía, queriendo razonar -habilidad que poco o nada posee el narrador de esta historia, debo insistir-, a la necesidad de meditar con tranquilidad sobre lo acaecido en las últimas horas, más que a cumplir con ambiguos preceptos rituales que a ningún lado llevan.
Pero sea como fuere, el caso es que cuando llevaba arrodillado unos diez minutos, con las manos abiertas tal que el Cristo en la cruz que tenía enfrente, y al que miraba, ahora sí, arrebolado, con una suerte de éxtasis nunca vista en esa parroquia desde que la construyeran sobre los cimientos de una antigua mezquita, y, no se sabe cómo ni por qué, si por cansancio físico o intermediación divina, pero… el caso es que, al cura desahuciado por las huestes populares e incultas, le llegó como una luz inesperada que tuvo dos consecuencias inmediatas: dibujar una sonrisa en sus amoratados y sangrantes labios, y, en segundo término, entrarle como una repentera, como una necesidad de salir huyendo de sí mismo, de desdoblarse, cosa que hizo en dirección a la sacristía mientras daba trompicones y se enredaba la sotana en la marabunta de enseres regados por el suelo que le impedían el paso y que se saltó casi a piola.
Cuando llegó a la misma, sacó las cerillas y encendió los cirios grandes, los que se ponen a un lado y a otro del muerto en los entierros, tomó un escabel, se elevó sobre él, abrió una puerta encimera en donde se encontraban los libros de asientos antiguos, y, justo donde imaginó, encontró lo que buscaba.
Tomó un viejo libro de tapas de cuero y bajó del taburete, se acercó los velones, se sentó, y leyó en la portada renegrida su título: “La vida de los Santos”.
Después de pasar el índice por varias páginas halló lo que buscaba, y, como si hubiera encontrado por fin la cuadratura del círculo, soltó un suspiro de satisfacción y musitó lo siguiente:
San Benito de Palermo, página 383.
Buscó la hoja, y en ella podía leerse lo siguiente:
A este San Benito se le llama de Palermo, por la ciudad en que murió, o de San Fratello o San Filadelfo por el lugar en que nació, o también el Moro o el Negro por el color de su piel y su ascendencia africana. De joven abrazó la vida eremítica, pero más tarde pasó a la Orden franciscana. No tenía estudios, pero sus dotes naturales y espirituales de consejo y prudencia atraían a multitud de gente. Aunque hermano lego, fue, no sólo cocinero, sino también guardián de su convento y maestro de novicios.
Arrancó las tres hojas que contenían la biografía del mismo con sumo cuidado, porque el papel no estaba para muchos tirones, y se deshizo del ultrajado libro que arrumbó en el suelo como camiseta maloliente. Con una maléfica sonrisa, que parecía ir alumbrando el oscuro pasillo central de la iglesia, cruzó a paso rápido la nave central de la misma, sin tropezarse ya con chisme alguno de los desparramados, y como si el demonio fuera ya dueño de aquellas viejas paredes en donde dios siempre había reinado, puso en marcha el plan que se escribirá.
Paco Huelva
Septiembre de 2014

Tubos abandonados en El Espigón

From Particulares. Published on 11/09/2014.

El otro día daba un paseo en bici por el Espigón de Huelva. Es un paisaje alucinante, con zonas de reserva natural, vistas increíbles, una gozada a muy pocos kilómetros de Huelva. Me confirmo en la idea de que estamos rodeados de parajes hermosos y sugerentes, pero hay que saber mirar… Tiene un potencial esa […]

Jacaranda VI

From Particulares. Published on 10/09/2014.


La decisión (y III)
Alguien indicó que ante la poca luz y la escasa estatura del Cepa, éste se subiera al púlpito para poderle ver y oír bien, a lo que el cura tronó que allí no se subía nadie más que él y sólo él, que para eso era cura. A lo que siguió otro agarre con el alcalde que le soltó un puñetazo en plena mandíbula, sin aviso previo, montándose de nuevo la de dios es cristo.
Larga fue de nuevo la contienda entre laicos y religiosos por imponer los derechos naturales a los civiles y lo contrario, de forma tan brutal que, con la misma velocidad que entraron en la parroquia, salieron todos a la calle poco a poco, por su propio pie los que podían hacerlo o en brazos de otros los más.
Si algún historiador de escritura no sesgada, si es que existe, hubiera presenciado la contienda, habría consignado con pluma fehaciente y riguroso orden cronológico que, lo que ocurrió ese día, era una consecuencia más, y nada más, de las infinitas trifulcas existentes entre los poderes religioso y civil por controlar la voluntad de un electorado que se repartían a medias de forma ancestral, en donde, por lo general, cuando la cosa estaba bien, unos dirigían los cuerpos y otros las almas de un mismo elemento: el individuo.
Y por eso pasa lo de siempre: el alma, como es etérea, no sufre magulladura alguna; y el cuerpo, la carne, como es débil, sale de tales envites como unos zorros o, en su caso, con los pies por delante camino del camposanto y si te vi no me acuerdo.
En la calle ya, y habiendo cerrado el cura la iglesia, para que la enfervorizada masa no terminara rompiendo lo poco que quedaba por salvar en lugar tan sacro, y blasfemando para sus adentros contra la inconsciente apostasía del pueblo que dios había tenido a bien en darle a gobernar, en un arranque del que luego se arrepentiría, se subió a la tataramita del campanario, y tocó a duelo hasta que entendió que en el pueblo se había producido el silencio necesario para hacerse oír, aunque fuera a grito pelado y con las manos como bocina.
Desde lo alto de la torre, justo debajo del nido de las cigüeñas, que andaban moviendo las alas no sabiendo si marcharse antes de tiempo este año, aunque aún no fuera tiempo, el cura tiró la toalla y dijo dirigiéndose al alcalde:
-¡Mira, Servando! Lo nuestro no es la guerra sino la paz entre los hombres de buena voluntad y que son temerosos de dios, así que, como tú lo has querido así, que sepas que la parroquia se desliga de este asunto y se mantendrá ajena a las actuaciones que realice el poder civil.
¡El pueblo es tuyo!, dijo, y desapareció en las lóbregas oscuridades de la torre.
El alcalde, viendo la maltrecha tropa que acampaba desecha por la plaza y necesitando también que alguien le remendara algunas rajaduras que tenía por el cuerpo, decretó que: “mañana, a las nueve de la mañana, queda convocado el pueblo en esta misma plaza, para realizar una asamblea popular en donde se tomarán las acciones adecuadas para paliar o eliminar la amenaza de la llegada de los gitanos al pueblo”.
Y de una orden tajante, que nadie osó rechazar, mandó a todo el mundo para su agujero echando hostias.
Paco Huelva
Septiembre de 2014

Jacaranda V

From Particulares. Published on 09/09/2014.


LA DECISIÓN (Cont.)
Con la iglesia atestada, hizo su aparición en la puerta principal Adrián el Cepa, que al estar a contraluz, venía acompañado de grande aureola, apoyado en su cayado, refulgente como báculo de cardenal romano en sus mejores tiempos, y llevando bajo el brazo derecho las viandas que le preparó la hija para día tan aciago, que parecían desde dentro las tablas de la ley que Moisés recogió en el sitio en que les fueron dadas en el monte Sinaí.
El Cepa, ante el silencio que se produjo cuando colocó los pies en el porche de la iglesia, dudó entre salir corriendo para casa y meterse en el soberado, en la parte del fondo, donde está el palomo macho y no deja posarse a las hembras, o entre adoptar una postura acorde con el momento, digamos que tirando a mística, aunque él no supiera definir lo que es la tal cosa, pero sí aprendió a adoptarla paseando por los arrabales y avenidas de las vivencias, como todos los que respiran mientras pueden hacerlo.
Por aquello de las petulancias que los humanos arrastramos desde el inicio de nuestra existencia, o sea, desde que tenemos conciencia de que somos unos animales, ciertamente privilegiados en el mundo de los animales en que habitamos, decidió recrearse un rato en la tal compostura, dada la fuerte atracción que su presencia generaba en el vecindario, hasta que, en la iglesia, se abrió un pasillo lo suficientemente amplio para que la dignidad de la que venía casualmente investido, pudiera pasar con holgura. Algunos llegaron a ver, y así lo dijeron en el juicio posterior del que se hablará en su momento; aunque esto no deja de ser una interpretación del narrador dado que él mismo no sabe aún qué cosas van a suceder en esta historia, y por ende es poco creíble; algunos, decía, manifestaron ver de forma nítida a Aarón, el hermano de Moisés, designado por éste como se sabe para sacar a toda pastilla al pueblo de dios del impío Egipto, pero esto, como queda dicho, está por ver, o por escribir, que en este caso ha de ser aceptado como lo mismo.
Entró el Cepa en la iglesia a paso lento, mientras el corro de parroquianos se iba cerrando tras sí hasta llegar al altar, en donde le esperaban el alcalde y el cura, éste último subido a un escalón más alto que el edil, como para dejar claro en qué lugar estaban: en la casa de dios y no en un triste concejo gobernado por un alcalde de tres al cuarto que se pasaba más tiempo borracho del que estaba despierto.
Paco Huelva
Septiembre de 2014

Jacaranda IV

From Particulares. Published on 09/09/2014.


LA DECISIÓN I
En la calle, sin tribuna posible donde alzarse para poner algo de razonamiento en la turba de vecinos presentes y ante lo perentorio del caso, no había dios etéreo o terrenal que pusiera orden.
Dada las dimensiones explicadas del consistorio, Anastasio arengó a la gente para que entrara en la parroquia, no sin gran disgusto por parte de Servando que se desgañitaba diciendo que esto era un asunto municipal y no de santos. Pero, como la evidencia mandaba y el tiempo venía apremiando, el alcalde se dejó arrastrar hacia las oscuridades de la casa de dios, que, por no haber comunicado la desgracia a su representante en Balsina con tiempo suficiente, estaba más oscura que la piel de Jacaranda después de quince años muerto.
Mientras se hizo la luz, no por mano de santo alguno sino por la apertura de las puertas laterales, y los allí reunidos pudieron verse el temor en las trémulas caras mientras cuchicheaban idioteces por falta de noticias ciertas o de instrucciones rápidas, que vendría a ser lo mismo para un observador imparcial si lo hubiera, se montó una trifulca a puñetazo limpio entre el cura y el alcalde por querer uno y el otro también, ser el conductor de tamaña asamblea, nunca imaginada no ya en Balsina sino en toda la sierra de Alcaucer, tan despoblada como vasta, dado que en sus predios sólo existían tres pueblos, y el más cercano, distante más de ocho jornadas a pie de hombre zanquilargo, o cuatro, si se hacía con mula acompañada de reata.
Por un momento la iglesia se dividió en dos bandos, que son pocos si se piensa algo en las secretas y encarnizadas luchas que hay en dicha organización de forma constante, aunque solapadas las más de las veces… para no airear cuestiones que solo atañen a los pastores y nunca al ganado, y de buenas a primeras comenzaron a volar reclinatorios, algunos cirios y otros elementos sagrados por sobre las cabezas de todos, hasta que, quizá por intermediación de algún muy piadoso santo, que nunca se sabe lo que la tradición esconde de irrefutable, los hombres que luchaban se apartaron unos a un lado y otros al otro, dejando un pasillo central para que entrara por la puerta principal Adrián el Cepa, que, como se dijo, era el único testigo ocular de semejante quebranto de la cotidianeidad.
Paco Huelva
Septiembre de 2014

Bichos V

From Particulares. Published on 08/09/2014.


ARAÑAS
Ignacio no ha encontrado tajo para mañana domingo. Es quince de agosto y sacan a la Piedad por las calles del pueblo, engalanada y bien baqueteada para que luzca entre sus fieles.
Los costaleros llevaban semanas entrenando dale que te pago por las calles, de madrugada, realizando la “levantá” hasta que la puesta en escena, que durára unas dos horas, quedó a gusto del capataz.
Aunque en otra época, en la mocedad, Anastasia salía en la procesión con un vestido oscuro, la peineta de carey que recibío de su madre y ésta de la suya, bien fijada en la cabeza, y la mantilla negra cubriéndole el pelo y la espalda, esos tiempos pasaron. Como pasa incluso la vida, piensa Anastasia con añoranza.
Anoche decidieron hacer hoy una limpieza general, pero, especialmente, que Ignacio corriera las tejas para que el agua no se filtre durante el invierno en el soberado y se moje la paja acumulada.
Al alba Anastasia ha desplegado en la terraza escobas, brochas, cubos, cal en piedra y trapos viejos para usarlos de algofifas. En un revuelo han retirado muebles, arrastrado sillones y mesas, descolgado cuadros, desmantelado camas, y puesta en solfa la quietud de la casa que parece mecida por un terremoto incontenible que rompe la calma con un ansia imparable y desbordada.
Mientas Ignacio se encarga del tejado, Anastasia, con manos alargadas por palos de escobas enredados en bayetas, recorre cada rincón de la casa rompiendo telas de araña primorosa y artísticamente diseñadas a lo largo del año.
Las arañas, que ya se veían venir el desastre, se zampan de un tirón todo lo que pueden de la despensa, recogen sus alargadas patas y se convierten en bolas rodantes, en boñiguillas perfectas, que, las escobas, llevan rodando hasta el recogedor y, desde éste, son lanzadas a la hierba cercana a la huerta.
Pasado el peligro, desenroscan las patas y caminan por el árido terreno sabiendo que han perdido el hogar y… lo que es más importante, la reserva de moscas, mosquitos y polillas que tenían almacenadas.
Ahora toca trabajar fuerte de nuevo, elegir otro lugar o intentar hacerse con el mismo, a fuerza de peregrinar y pasar mil calamidades, para, cuanto antes, adelantándose al invierno que ya se anuncia en la cortedad de las tardes, buscarse un nuevo refugio, apilar comida de nuevo y esperar que la llegada de la primavera y el verano traigan otra vez la abundancia.
Paco Huelva
Septiembre de 2014

Atentado contra la inteligencia

From Particulares. Published on 08/09/2014.


La mayoría de los actos que realizamos tienen una finalidad, nacen de un propósito intelectual. Por ello, quienes cometen un atentado o, mejor dicho, quienes ordenan su ejecución y quienes los llevan a cabo, entienden -si es que no han perdido la razón- que dicha acción está justificada, que debe realizarse.
Para los no violentos aceptar esta premisa no es fácil, por su incongruencia. Pero, es así como hay que afrontar toda clase de terrorismo, pese a que nos duela.
No estamos ante actuaciones individuales nacidas de enfermedades psicológicas más o menos transitorias. Lo que tenemos enfrente son ejércitos organizados que utilizan el terrorismo como arma disuasoria para conseguir fines concretos y específicos.
La vida del ser humano nada vale en este contexto; es más, la vida de los otros, de los que mueren, mientras más apocalíptica sea, más terror produce en la población y en mejor situación deja a los terroristas para negociar. Esto es así aunque tales argumentos arañen el “alma” y la sensibilidad de quienes todavía conservan la misma. Hay que desterrar la ingenuidad de nuestros planteamientos. El terrorismo no es un accidente, es la consecuencia de actos premeditados que persiguen un fin, reitero.
El monopolio del terrorismo no lo tienen sólo las organizaciones extremistas y radicales, también son propiedad de muchos Estados, incluso de los que basan sus acciones a lo contenido en una Constitución que aboga por el mantenimiento de los derechos de la ciudadanía, especialmente el derecho a la vida.
Los servicios de inteligencia de todos los países saben mucho de lo que hablo. Todo. Lo saben todo. Por eso sus acciones se llevan a cabo en la sombra, en la parte nada diáfana, oscura, de cualquier país. Y esto es un contínuo realimentarse que, desde luego, siempre favorece a algunos que por lo general no salen en los papeles ni en las fotografías.
Una desgracia, vamos.
Los ciudadanos estamos ajenos a estos negocios. Sólo ponemos el asombro, el miedo y los muertos. Una pandemia la del terrorismo que no es nueva, siempre existió desde que nos agruparnos en hordas, en tribus, y empezamos a dirimir las diferencias no con la palabra sino con el arma. Y el miedo, el terror, es el arma más poderosa que existe porque elimina la capacidad de pensar y da paso a los ardores de la sangre, de los impulsos, de la fe ciega en el ojo por ojo.
La guerra, tal como la entendemos, finalizó con el siglo XX. Es más barato, eficaz e impactante, y con un coste inferior tanto material como de pérdidas humanas para quienes la ejecutan, realizar un acto terrorista. Lo que se denomina guerra de guerrillas; que nunca es incontrolada, no nos engañemos. Este tipo de acciones está perfectamente diseñado, al milímetro.
Mantener varias células dormidas en el país que se intenta desestabilizar -dentro de la mezcla racial, religiosa e ideológica que hoy compone la sociedad- es muy fácil. Lógicamente, no caben esgrimir motivos xenófobos, ideológicos o religiosos para buscar la solución al problema. Eso es muy simple y además erróneo.
La fuerza de las organizaciones terroristas está en la voluntad de sus integrantes para cometer actos delictivos, no en el color de su piel ni en su credo.
La única salida posible a los extremismos está en la cooperación internacional -invirtiendo económica y culturalmente en el desarrollo de los pueblos más desfavorecidos- y en la colaboración de los servicios de inteligencia. Pero, esto último, la colaboración de los servicios de inteligencia, está más que demostrado que no es viable. Por qué. Pues porque nacieron precisamente para realizar todo aquello que no puede hacerse públicamente y con garantías procesales. Punto. A veces no es que estén al borde de la ley, es que están fuera de la ley. Es un suprapoder dentro del poder, que, las más de las veces éste no controla. Ejemplos hay millares en la Historia.
¿Cómo hacer para desenredar el nudo gordiano? No queda otra, aunque suframos, que mayor dosis de libertad, de transparencia, de control sobre lo oscuro y mayor cooperación. Y el que la haga, que la pague; pero con la justicia como garante, con luz y taquígrafo.
El impulso histórico de resolver las contiendas a base de esgrimir las armas… el mayor o menor peso de la fuerza militar, a lugar alguno conduce; sólo al enraizamiento, al enquistamiento del mal que tarde o temprano reaparece para alegría de la industria armaméntistica, ese eslabón perdido al que nadie alude y que tiene buena parte de culpa de que las guerras sigan existiendo.
La industria de la guerra con todos sus actores, Estados incluidos, es la culpable, la adalid incluso en muchos casos, de la mayoría de los actos terroristas que se producen. Esto es puro Negocio. Y en estas transacciones la ética no existe.
Si siguiéramos el rastro de la venta de armas, nos asombraríamos al comprobar a qué sitios y países nos llevan. En qué lugares están los orígenes reales de los conflictos. Porque, sin armas, no hay conflicto: no hay terrorismo.
Paradojas de la Política en su amancebamiento con los Negocios. Lo malo es que nos quieren vender -y lo consiguen- otras cosas, atentando contra el menor atisbo de inteligencia de la ciudadanía.
Es más, lo propio sería que ante un artículo como éste me tachen de radical, de antipatriota, de alterador del orden, de antisistema… incluso de terrorista.
Pero no importa, allá cada cual con su conciencia.
Paco Huelva
Septiembre de 2014

Ausencia permanente

From Particulares. Published on 07/09/2014.


Tengo un amigo que padece mal de ausencia. Cuanto más cerca le tengo más lejos parece estar. No es por tanto su falta de presencia lo que me atosiga, sino su no estar estando presente. Es algo impertinente, fatídico. Supongo que algo tendrá que ver ese retraimiento con su pasado político.
Al igual que el hombre que marcha a una guerra deja sus principios en la taquilla del cuartel donde se pone el uniforme, imagino que el político que está de vuelta olvidó, en algún lugar, las reglas fundamentales que integran a las personas en el magma social. Su enajenación parece adrede pero intuyo que va más allá de su voluntad.
Pero, claro, esto es una afirmación sin fundamento.
Mi amigo habla poco y, cuando lo hace, dice cosas incoherentes tales como: “cuando la política se instala entre nosotros, muchos intelectuales se vuelven fanáticos, idiotas o simuladores”, o, “algunos políticos huelen a naftalina de guardarropía,” o esta otra, que a mí me llama poderosamente la atención, “la mayoría de los políticos sustituyen la libido por el anhelo del poder”.
La verdad es que yo me quedo mirándole y a veces me fallan los argumentos; me siento un vulgar Sancho de un Quijote que ha perdido la sesera ante los molinos de viento del poder. Por más que atizo al jumento de mi razonamiento, no alcanzo al Rocinante que ante mí monta el hidalgo que otrora paseó su retórica por los pueblos de España; que disponía de mil astucias como si fuere un Ulises contemporáneo.
Mi amigo, hoy, es una sombra que esconde mil luces para aquel que pueda orientarse en la oscuridad de su pensamiento.
Ha renunciado al boato y dice que ha encontrado una senda que puede llevarle a sí mismo. Inaudito. No obstante, su presencia parece impregnada de una verdad insondable; de algo inquietante que contuviese una certeza para mí desconocida que al mismo tiempo pudiera ser liberadora.
Paco Huelva
Septiembre de 2014

Bichos IV

From Particulares. Published on 07/09/2014.


GALLINAS Y ZORROS
Hace Tiempo que Anastasia tiene una idea por encima de los hombros. Le ronda de forma tan insistente que anoche hasta soñó con ella. Al amanecer, cuando se levantó Ignacio, su marido, le soltó el asunto de sopetón, como si tal carga le fuera insoportable de resistir ni un segundo más en los recovecos de sus entendederas:
-¡Ignacio, quiero tener un gallinero!
Ignacio, que se levanta los más de los días en un estado de renuncia casi larvario, y que con el leve tránsito de las horas se convierte en acción a fuerza de echarle reaños a las eventualidades que presenta la vida, miró a su mujer, que a esas horas ostenta en la faz una suerte de párpados grandes, tal que las iguanas, responde:
-Anastasia, ¡si compramos gallinas se las comerán los zorros!
Anastasia toma el hilo de la retahila que lleva tramando tiempo ha y comienza a realizar ovillo:
-Si tenemos gallinas dispondremos de huevos frescos. Los que nos sobren los podemos vender. Las gallinas no tienen gasto. Comeran de los restos de comidas. Porque tú sabes, Ignacio, que comen de todo, que no desperdician nada…
Ignacio viendo la panda de argumentos que se le venía encima como agua imparable de primavera, se levantó, agarró el hatillo y las llaves del coche, y salío rumiando para el tajo acompañado por el ladrido de los perros que hoy le parecieron más insoportables que nunca.
Sabía que cuando a su mujer se le metía una idea en la entreceja, apaga y vámonos.
Durante los días siguientes las relaciones entre ambos pasaban por aquello de no dirigirse la palabra excepto para lo más necesario y siempre salían, cuando salían, como una especie de rencorosos bufidos poco dados a arreglos o componendas.
Harto de la situación, Ignacio se levantó una mañana que no tenía curre y se puso a cavar una zanja de medio metro en el lateral del portalillo, que fue cerrando sobre el mismo, e hizo un cuadrilátero en el que uno de los lados era la pared enfoscada del cuartillo en donde guadaba los aperos y el grano. Cogió el carrillo, subió a la parte alta de la finca y se dispuso a acarrear piedras hasta que le parecieron suficientes. Luego apuntaló en las esquinas estacas de castaños bien seco, y con valla metálica cerró el mismo, incluso por la parte de arriba para que los aguiluchos no tuvieran tentaciones de realizar picados vuelos contra las gallinas. Finalizado esto, cortó la alambrada en una parte y le instaló una puerta batiente, para poder entrar y salir a coger los huevos y limpiar la jaula cuando fuera menester.
Anastasia lo miraba por la ventana de la casa con ojos de yerbabuena, diciéndose para sí que qué bueno era su Ignacio y que hoy le haría una comida especial.
Cuando terminó, Ignació soltó los chismes, entró en casa y le dijo a su mujer: ¡Ya puedes comprar tus dichosas gallinas, que siempre te tienes que salir con la tuya, cojones!
El viernes, que ponían mercadillo en el pueblo, Anastasia se lanzó a la compra de sus gallinas como la persona que va a recoger un inesperado premio de la lotería de los ciegos. Un tendero le indicó que en vez de comprar pollitas que no pondrían hasta los cinco o seis meses, él podría traerle, y llevárselas a casa, si lo quería, gallinas poniendo y así tendría huevos a partir del día siguiente. Anastasia, presa de felicidad y sin poder esperar para recoger su premio, llegó a un arreglo con el vendedor y, a las siete de la tarde de un día de chicharras, once gallinas estaban encerradas en el recién estrenado gallinero.
Los zorros, que venían observando desde hace tiempo los trasiegos de Ignacio, y que escucharon el cacareo de la descarga, empezaron a afilar las garras en la tierra de la madriguera, más felices que unas pascuas, habiendo pasado de la intuición inicial a la certeza: tendrían festín.
Cuando la noche se hizo silencio y las luces de la casa hacía rato que se disolvieron, los zorros dieron rienda suelta a sus contenidas ansias. Escarbaron raudos bajo la valla acompañados de la alharaca de las gallinas en petición de auxilio y, en un visto y no visto, dejaron en el gallinero un mar de plumas ensangrentadas, de cabezas cortadas y de gallinas escachadas.
A la llamada acudió Ignacio con un hacha en una mano y una linterna en la otra, seguido de las voces de espanto de Anastasia. Cuando llegó al primoroso gallinero encontró la camada de rojas plumas, un denso olor a miedo y tres huevos que, de milagro, conservaban la contextura original.
Ignacio cogió los huevos, maldijo su idiotez y se fue a dormir nuevamente pensando en negros cepos.
Paco Huelva
Septiembre de 2014

Jacaranda III

From Particulares. Published on 05/09/2014.


EL CONFLICTO
Ocurrió que una mañana Adrián el Cepa, al que se le contaban los ochenta años de existencia en los rayados surcos de la cara, nada más clarear y poco después de haberse despedido de su hija, regresó al pueblo tal que endemoniado, como si hubiera visto apostado en un remonte del camino al mismísimo Jacaranda con sus atributos al aire, esos que habían crecido hasta tener volumen parejo al de los caballos en celo en la fantasía siempre alimentada por el mal de Otelo… ese que sin saberlo padecían los dieciocho padrastros de los negros.
Regresó, decía, gritando, a cuanto el resuello le permitía sus maltrechas ocho décadas de porte, apuntando, que una colonia de gitanos se había instalado en “la choza de Jacaranda” y que, por si acaso, las mujeres debían encerrarse en casa y no asomarse ni por las ventanas no fueran a quedarse preñadas de nuevo, y, este golpe, vinieran a parir hijos de largas patillas, cara aceitunada y navaja en el costado, como los bandoleros que decían andaban huidos de la ley y asentados en las cuevas de la Dromedaria, esas oquedades en la tierra de las que se sabía por qué lugares podías entrar pero no por dónde ibas a salir, si es que salías.
Eso vino a decir el Cepa, según cuentan, mientras arreaba a la burra con severos riendazos en el cuello, arengándola con las polainas en los costados.
Los cobujones del serón se elevaban y caían cuan alas de monstruo portentoso nunca visto por cristiano viejo, como si de un momento a otro la asna con el Cepa de piloto, fuera a despegar por encima de las casas y posarse en la torre de la iglesia o en alguna otra altura meritoria de semejante bicho… cosa que hubiera sido digna de ver, porque, el empedrado de Balsina, nunca estuvo para muchos trotes ni siquiera en determinadas urgencias.
Ante tal aparición, el cura, que siempre tuvo la oreja fina para cuanta cosa rara ocurriera en su feudo, escuchó al Cepa pasar por la puerta de su casa, montado en tan veloz cernícalo y provocando tan grande estruendo, que, por lo irregular del asunto, primero achacó a un sueño lo percibido para, posteriormente, ante la insistencia del Cepa por hacerse presente en la pesadilla, abrir los ojos, aguzar el tímpano y, como una exhalación, tirarse literalmente de la cama al suelo para enfundarse la raída sotana y ponerse el casi negro alzacuellos en un visto y no visto, con objeto de enfrentarse en nombre de Dios, a cualquier infernal suceso que le fuera enviado, de seguro, con la intención de probar de nuevo su fe y la de la santa madre iglesia, a la que él mismo representaba en una parroquia siempre dada a los desvaríos y poco temerosa del que todo lo puede o debería poder.
Minutos después, las campanas de la iglesia comenzaron a tocar a rebato como si los franceses estuvieran cercando el pueblo y hubiera que arrodillarse ante los gabachos, y aceptar de nuevo urbi et orbe las libertinas ideas de esos que se llamaban a sí mismo ilustrados, que no eran otra cosa, como ya demostró la Historia, que una panda de ateos acompañada por correveidiles e ilusos descamisados.
Para cuando llegó el alcalde, que ya venía soplado a pesar de tan temprana hora, la puerta de la iglesia parroquial, lindera con el cuartucho que hacía de ayuntamiento, estaba atestada de gente, como si fueran a sacar al santo sin orfebres angarillas, música triunfal ni vana cohetería, que a ningún lado llevan excepto a montar absurdas e irreverentes bataholas, a decir de algunos.
El edil se abrió paso a codazos escudado en su alto rango, presagiando en su fuero interno que, por fin, de una maldita vez, tendría la oportunidad de salvar a sus vecinos de algún extraño espanto, y podría entrar en la historia del pueblo con una estatua izada sobre insigne peana, en el centro de la plaza, o, al menos, con el nombre y apellidos acuñados en bronce en una calle principal, que ya veía rotulada en mármol, a ser posible blanco.
Cuando llegó a la frentura del cura, que ya se preparaba misal en mano para despotricar unos latinazos, le dijo:
-¿Qué cojones pasa, Anastasio?
-¿Que qué pasa? ¡Que ya llegó otra vez la cangrena, Servando! ¡A este pueblo nunca llegan enjambres de abejas colmeneras pero sí nubes de langostas Servando! ¡Eso pasa! ¿Te parece poco?
Servando, arropado aún en los vapores del aguardiente como venía, no entendió muy bien la misiva pero lo achacó al extraño lenguaje del Anastasio, que, como todos los de su especie, para decir algo tienen que darle veinte vueltas a las cosas en vez de ir al puñetero grano.
Paco Huelva
Septiembre de 2014

Arquetipos

From Particulares. Published on 05/09/2014.


Todas las personas disponemos de una infinidad de registros para adaptarnos a las circunstancias. Podríamos afirmar que llevamos en sí, todos los argumentos posibles que nos facultan para salir airosos de los atolladeros que la vida nos impone y buscar la senda más adecuada a nuestros intereses.
Pero esto, siendo cierto, lo es sólo en origen, es decir, en potencia: porque a partir del nacimiento todo se complica. Las relaciones sociales, la familia, el trabajo y la vertebración social en que estemos inmersos hacen que las personas tengamos que especializarnos. De esta manera, nos convertimos en expertos de unas pocas cosas en detrimento de una ignorancia supina en el resto, que es lo más.
La elección de unas u otras tampoco depende a veces de nuestra voluntad. La cuna donde vemos la luz y el medio en que nos movemos ponen el resto.
Pasados unos años desde que somos, o sea, desde que nacemos, empezamos a desenvolvernos como estereotipos que ejecutan los actos definidos para un segmento de sector social determinado. Nos convertimos en usureros y actuamos como tales, en bomberos y hacemos lo propio, en albañiles, en actores, en hipócritas, en personas honorables, etcétera, y así, hasta cubrir el espectro social.
Pero, ¿qué tiene esto de malo?, dirá el lector. Pues, que dejamos de ser personas en su completud para pasar a ser esclavos de una situación. Perdemos nuestra libertad -uno de los dones más preciados- además de perder la capacidad de reflexionar, de pensar. Sólo somos ya, un arquetipo, un clon repetido hasta la saciedad.
Paco Huelva
Septiembre de 2014
(De mi libro “Y cien”)

Muy pronto en librerías

From Particulares. Published on 04/09/2014.

cubierta-antologia2

Bichos III

From Particulares. Published on 04/09/2014.


GATOS Y PERROS
La gata tuerta con su camada de siete gatillos campa por la finca de Abelardo el arquitecto, dueña absoluta del territorio, en donde disfrutan los pequeños felinos a sus anchas mientras juegan de forma incansable al gato y el ratón.
Abelardo vive en la ciudad donde tiene negocios y solo viene los fines de semana, cuando viene, que eso tampoco lo tiene claro Ignacio últimamente, porque, mira que son raros estos tíos de dinero que teniendo una finca como la que tiene y una casona que le habrá cosatado un pastón, el tío vive en un piso de la ciudad, de seguro que en una torre de esas que te asomas y las personas de la calle parecen hormigas. Pero, en fin, él cumple con lo apalabrado, el otro le paga, cada uno en su casa y Dios en la de todos, se dice.
Ignacio se encarga de regar las plantas cada dos días y, últimamente, de echarle de comer a una gata parida que se acomodó tras los chismes de un cuartillo, en donde el arquitecto arrumba infinidad de cosas, que no puede explicarse Ignacio muy bien para qué carajo le van a servir al dueño por lo variopinto de lo acumulado.
Una tarde Ignacio se lleva a los perros en la trasera del Land Rover, más que todo para que corran un rato y disfruten, que siempre están metido en las estrecheces de su pequeña huerta o amarrados las más de las veces durante el día para que no den la lata.
Cuando abre el portón trasero del coche y bajan los perros como balas que buscasen destino, se monta la revolución.
La gata tuerta maúlla el peligro y los siete pequeños felinos alcanzan en un santiamén las ramas de los olivos cercanos, como si fueran monos de feria adiestrados para saltar entre pértigas imposibles.
La gata se queda en tierra enfrentando a los perros, mientras enseña abanicos de uñas afiladas y dientes generosos, en una boca de la que salen maullidos de aviso nada amistosos. Levanta el lomo y el rabo, como para parecer mucho más grande, más agresiva si cabe, pero sin abandonar un milímetro de terreno en la defensa de sus crías.
Cuando tiene acobardados a los perros, que ladran y hacen por atacar pero nada concluyen, mira de reojo con el ojo que le queda y, cuando comprueba que toda la camada está a salvo, pega un brinco y sube al olivo más cercano seguida de los perros que, cobardes, ven así la batalla ganada habiéndose comido un pimiento.
Los perros, orgullosos ante el amo y ante sí mismos de la “heroicidad” llevada a cabo, mean en la base de los árboles marcando el terreno con olores propios.
A la vista de cómo está el asunto, en un descuido de los perros -que andan dormitando, cansados de haber hecho el ganso-, la gata tuerta da un maullido y corre seguida de la camada hasta conseguir salir de la linde alambrada de la finca.
La gata sabe que, hasta que los perros no se monten nuevamente en el coche y se vayan sus cachorros no podrán vivir tranquilos.
Los pequeños aprendieron hoy dos cosas: cómo son las vicisitudes en el campo, y que, con los perros, al menos por ahora, no deben jugar.
Paco Huelva
Septiembre de 2014

Jacaranda II

From Particulares. Published on 04/09/2014.


LOS MULATOS
Dicen que cuando nací lo hice hablando. Que cuando la partera me dio el guantazo, en vez de berrear como es lo propio, me cagué en los muertos de todos aquellos que habían matado a mi padre una semana antes. Esto, aunque me lo repitan una y mil veces, nunca lo daré por cierto, entre otras cosas porque después de aquello, si es que ocurrió realmente, entré en un mutismo que aún hoy conservo. Vamos, que soy mudo.
Tengo diecisiete hermanos de padre, cada cual de una madre diferente; aunque, para reconocernos, no hay que hacer estudio ni diagnóstico alguno: somos todos mulatos: “los mulatos de Jacaranda”, nos llaman.
Lo más curioso de este caso nuestro quizás sea que todos tenemos la misma edad, meses arriba meses abajo. Al parecer, mi padre, al que llamaban Jacaranda, sin apellidos ni nada, tal como reza en la lápida que está en un rincón del cementerio, alejada de las demás, en donde le enterraron sin misa ni campanadas ni nada, como si los muertos se diferenciaran, verdad, se dejó enamorar por cuanta mujer fue solicitado y de ahí viene ahora esta trastada. Dieciocho mulatos, porque todos hemos nacidos machos, tampoco me explico el por qué, en una aldea perdida de la sierra de Alcaucer, en donde cohabitamos con algo más de trescientos blancos.
A los hijos de Jacaranda nos llaman los moros, porque, cuando empezamos a llegar, el cura del pueblo, que todavía es el mismo, se negó a bautizarnos por haber nacido de una relación ilícita. Así que, somos como una peste, como una desgracia que le cayó a este pueblo el día que nuestro padre apareció por estos lares y vino a instalarse, hace quince años, en un viejo pajar de las afueras.
Para colmo, desde que empezamos a criarnos, las rivalidades propias entre los pueblos ha asentado un sambenito en la memoria colectiva, y ha cambiado el nombre del pueblo que ya no se llama Balsina sino “el pueblo de los negros”. La aldea es ahora una tarta de nata rematada con dieciocho malditas y mal miradas cerezas azabaches.
Los negros no nos hablamos, solo nos miramos queriendo reconocer a nuestro padre en el otro, pero ni palabra cruzamos, jamás. Siempre fue así, como si hubiera una razón poderosa que nosotros, por nuestras cortas luces, nunca podremos llegar a entender.
Pero esto, como se verá, vino a cambiarlo el conflicto. La guerra lo cambia todo, menos el color de la piel, que sigue siendo el mismo aunque en tales circunstancias pareciera que fuera otro.
Paco Huelva
Septiembre de 2014

Jacaranda I

From Particulares. Published on 04/09/2014.


JACARANDA
Cuando el negro Jacaranda llegó a Balsina todo el mundo se lo tomó a choteo. Nunca, pero nunca, desde que se tenía conciencia en el pueblo, un negro había pisado los guijarros de las calles.
Resultó ser, al parecer, que el negro era de verborrea y entendimiento rápidos y al poco había congratulado con todos, como si en el cementerio encalado, adosado a la iglesia, en donde se escriben los nombres de los muertos que habitan los nichos con una ramilla de jaguarzo empuntada, estuviera también la lista de todos sus antepasados.
Jacaranda se acomodó en una choza de las afueras, que fue llenando de pertrechos que recogía por aquí o por allá, y que otrora se utilizara para guardar las mieses comunales, y, muy tempranito, todos los días, incluso los festivos, porque por la iglesia y por los rezos nunca se interesó, principiaba a patearse el pueblo de un extremo a otro ofreciéndose para hacer lo que fuera.
De esta forma y no de otra, es como se gana la vida. Lo que le achacan ahora, y que por esa razón los hombres llevan casi dos meses en el monte, escopeta al hombro a ver si le descerrajan un tiro, o mil, como dicen algunos que le van a dar para que se entere, nada tiene que ver con maldad alguna, más bien todo lo contrario. Porque si algo tiene Jacaranda, si es que ya no lo han matado, es que es dulce y sabroso como la miel del monte.
A mí ya me queda poco para parir, pero sé que mi hijo, cuando nazca -si va todo bien- también será mulato.
Han pasado nueve meses y tres semanas desde que llegó Jacaranda al pueblo, y las mujeres, casi todas a la vez, como si una enfermedad nos hubiera cubierto, estamos trayendo al mundo hijos suyos. Y esto, nuestros hombres, a pesar de que pocas veces se preocupan por algo porque somos de actitud abierta y comprensiva, y de eso tenemos fama, dicen que no pueden entenderlo.
Por eso andan por ahí, por esos montes del diablo, buscando al negro errabundo, dicen que para caparlo, cuando, al fin y al cabo, lo que hizo fue darnos un poco de entretenimiento en esta perdida aldea, a la que ni los pájaros se acercan por mor a morir de aburrimiento.
Paco Huelva
Septiembre de 2014

Bichos II

From Particulares. Published on 03/09/2014.


EL ALACRÁN
Ignacio Camuñas, jornalero a destajo cuando hay tarea, en lo que sea, se levanta descalzo a media noche para ir al aseo. Hace tiempo que la puñetera próstata lo trae a mal parir y raro es el día que no debe hacer dos o tres veces la misma incursión nocturna para aliviar una vejiga que luego suelta poco o nada, de puro goteo esmirriado.
Lo hace cabreado con la próstata y con el mundo entero, porque, estas levantadas en el silencio de la noche, cada vez más frecuentes, le recuerdan que se está haciendo mayor, que a su padre le pasaba igual cuando viejo… que, incluso, sin darse cuenta siquiera, se meaba en los pantalones y ni tiempo tenía el pobre para sacársela.
Ignacio sabe que el tiempo es un maestro infatigable que te hace comprender las cosas de puro exteriorizarse y que sus designios son implacables y tercos como mulas de padres borriqueros: las canas, las manchas en las manos y brazos, el permanente cansancio, la cara que devuelve el espejo que no es tu cara y que se va pareciendo a la de tu padre antes de morir… en fin, una putada tras otra que ha de tragarse sin rechistar porque así es la vida y punto. Todo eso y más sabe Ignacio, aunque ande dormido y con los ojos cerrados como para no despertarse y volver a la cama a ver si puede engatusar al sueño y que no se escape, que esa es otra, cada vez duerme menos.
Camina descalzo por los ladrillos, arrastrando los pies para no pisar a los perros que dormitan por medio de la casa y que acostumbrados al nocturno trajín de su dueño ni se inmutan; ni la cabeza levantan: saben que aún no es hora de salir a la calle, que no hay luz en la ventana.
Busca el equilibrio tentando las puertas, las sillas, los sillones balancines y el resto de mobiliario hasta llegar al cuarto de baño. Toquetea por la pared y le da media vuelta de tuerca al interruptor de la luz cuando lo encuentra; entonces, de detrás del lavabo, y con el aguijón levantado como una bandera enemiga se iza un alacrán en actitud de lucha. Parece una gran araña mostrando a quien quiera verla su periscopio de muerte, que lleva siempre cargado de sustancia letal, por si las moscas, y en sus genes grabado el instinto de que ha de morir matando: no hay tu tía, o tú o yo, parece querer decir.
Ignacio Camuñas no le da cuartel, no anda su ánimo para jilipolleces. Agarra una de las botas de labranza, que están allí porque ha de calzársela dentro de poco, en la alborada, y sin opción alguna lo aplasta con saña de varios golpes reiterados.
Luego, Ignacio orina lo que corresponde y le da la gana a su encaprichado cuerpo, mientras observa de reojo los estertores del bicho, como si no se fiara de él. Se escurre con parsimonia goteando orina fuera de la taza, apaga la luz y se acuesta.
No es posible la convivencia, piensa, recordando al alacrán mientras se deja caer en la cama con sigilo para no despertar a su esposa que ronca de forma sibilante.
Paco Huelva
Septiembre de 2014

Antonio el corraleño

From Particulares. Published on 02/09/2014.


La tarde comienza a extinguirse colmatada por el viento de poniente.
La marisma, que hasta hace poco fue una lámina de agua, dibuja sinuosos surcos en el cieno atraída por la bajamar.
Un hombre, con la mirada perdida en algún rincón de su memoria, observa algo que nadie puede mirar excepto él. Está detenido, parado en un paseo fluvial con farolas y bancos de hierro forjado que nadie ocupa.
A ratos, una nota sonora se repite, preludio de un sustento que ha de llegar y que unos polluelos demandan a la espera de sus progenitores.
El paseante solitario pone un pitillo en sus labios y rascando un fósforo, lo acerca al hueco de sus manos de donde lo saca prendido.
Arrasadas por el viento, las bocanadas de humo salen perpendiculares de su nariz como banderas efímeras.
Un fado inexistente llena el entorno de melancolía: es la noche que llega… es el susurro del alma que vive dentro de las cosas y de los seres… es la oscuridad que se instala venciendo al púrpura que se apaga… es la calma. Es, un pasaje de la vida de un viejo pueblo minero.
La figura, con las manos en los bolsillos y el humeante cigarro en los labios, camina lenta por el mirador recordando no se sabe qué cosas y si éstas sucedieron realmente o son producto del pensamiento fijado a la memoria. La vida, como se sabe, es un compendio de cosas ocurridas e imaginadas, que a cierta edad, es imposible discernir claramente.
Quizá piense en los humedales que suben y bajan o en las dicotomías de la vida: la risa y el llanto, la victoria y la derrota, el amor y el odio… en fin, en todo aquello que hace posible la existencia del ser, en lo que nos hace como somos.
Hoy, como ayer, y como hace muchos años, sigue el guión establecido para esta hora y encamina sus pasos hacia casa. En ella nadie le espera. En otra época estuvo Manuela y sus hijos. Pero Manuela murió y sus hijos emigraron. Su vivienda está en las afueras del pueblo, aunque éste -que crece desmesuradamente- amenaza con engullirla en los próximos años igual que la tierra se comerá su cuerpo cuando fenezca.
Antonio, que es el nombre del hombre al que espiamos aunque lo estemos inventando, abre el portón de la entrada con una llave grande, de hierro, de las que ya no se usan y que lleva amarrada a la presilla del pantalón -con una cuerda lo suficientemente larga para que ésta repose en uno de sus grasientos bolsillos.
La puerta cede con chirrido de goznes que hace tiempo no conocen el sabor del aceite.
Al entrar en la sala un gato escuálido le saluda con un miau implorante al que presta poca atención. En el interior de la casa, de una sola estancia, todo está tal como lo dejó. Hace tiempo que nadie cuida de Antonio ni de su casa. Antonio, por deseos del narrador -que en estos momentos le da forma- tampoco se cuida. Antonio se está dejando morir. Piensa que ha cumplido ya su ciclo de vida, que lo mejor sería cerrar esta etapa… Pero el narrador sabe que no es fácil morir cuando uno lo desea, ni tampoco es fácil matar a un personaje de ficción mientras éste tenga vida que contar.
El gato sabe que Antonio no se cuida ni lo cuida a él, pero a nuestro personaje le da igual lo que piense su compañero de relato.
Decido ahora que Antonio tenga ochenta y tres años y un cuerpo que debió de ser fuerte en otra época; unas manos curtidas en mil tareas en las profundidades de la mina y que todavía, cuando saludan a alguien, encierran en sí el vigor de una persona que dedicó la vida a duras faenas sirviendo a los señoritos ingleses.
De una bolsa colgada en una quincalla extrae un pan bazo de varios días del que, abriendo una navaja muy afilada, corta una fina y alargada rebanada.
De un anaquel esquinero al que le faltan varios cristales, coge una lata de sardinas que abre lentamente luego de sentarse en una vieja silla -cuyo deshilachado asiento de anea amenaza ruina desde un tiempo inmemorial.
El gato se planta en la mesa de un salto, manteniéndose a cierta distancia como temeroso de un manotazo -ya recibido otras veces- que ahuyente sus ansias.
Con un sucio tenedor que limpia en una servilleta mugrienta, parte una de las sardinas por la mitad y con un movimiento rápido la arroja a la puerta de la calle seguida por el gato a corta distancia como si fuera la sombra de ésta.
Luego de servirse vino de una garrafa cuarterona enfundada en plástico gris, empieza a comer despacio. Piensa que queda poco vino, que mañana habrá que comprar… La comida la hace despacio, sin prisa alguna. Cuando acaba, coge una naranja de un saco que está bajo la mesa y empieza a pelarla con las manos mientras el jugo le corre entre los dedos. Antonio chupa más que mastica -su boca desdentada no da para más- los alimentos, mientras la barba de varios días brilla con el lustre que le proporcionan el aceite y el zumo de la naranja.
Después de soltar un eructo al que el gato responde con un maullido, se frota la boca y las manos con el paño.
Reposa unos minutos mirando en silencio las migas de pan y el aceite sobrante en la lata -que el gato vigila de reojo desde la puerta- y, apoyándose en la mesa con ambas manos, se levanta y sale a la calle.
Abriéndose la bragueta y de espaldas al pueblo, orina mientras observa el chorro vaporoso que humedece la tierra extrayéndole colores rojos y anaranjados, producto del esplendor de una época pasada basada en la exportación de piritas. Después de mirar en derredor, más por costumbre que por otra causa puesto que conoce cada planta, cada mata, cada nido…, le da una vuelta a la casa y entra de nuevo fechando la tranca. Luego de descalzarse se tumba en la cama y aprieta la perilla de la luz que reposa paralela al cabecero, apagando así la única bombilla existente.
Antes de dormirse, Antonio piensa en los nada sobresalientes acontecimientos del día y cómo no, en Manuela, que hace años que es un montón de huesos podridos en el cementerio. De sus hijos nada sabe: se marcharon hace mucho, mucho tiempo. Más de cuarenta años uno y treinta y cinco la otra. Nunca más los vio. Pero no se queja: es ley de vida. A la asistenta social que el ayuntamiento le manda de cuando en cuando le comenta, con gran irritación para ella, que los cachorros se conciben, se amamantan, se crían, se les enseña a cazar y luego… se van. Es ley de vida, repite.
Antonio se duerme una noche más esperando a la muerte, que desea corta. Hace tiempo que la llama, que le pide que venga y lo recoja, pero no acude. Él sabe -y el narrador así quiere que sea ahora- que ella es caprichosa, que llegará cuando lo desee, cuando sea necesario, por eso no desespera.
Con un breve suspiro se acomoda de lado y se duerme abrazado a sí mismo -a lo único que tiene, a lo único que es-, consolado por el calor de sus extremidades que entrelaza como serpientes que se enroscan. Antonio es una cuerda hecha de carne a punto de romperse, gastada por el uso.
Como cada día, como cada noche, todo está en su sitio en torno a Antonio. La pleamar ha inundado nuevamente la marisma acercando el agua casi hasta la puerta de la casa. Antonio sueña su vida que no ha sido vivida excepto en las líneas de este relato; pero el narrador decide que Antonio está bien así, que le gusta este personaje como es, porque…, aunque Antonio persiga la muerte, el que suscribe lo único que ha hecho ha sido darle vida y a partir de ahora, será interpretada por los que puedan leerla; y es más, aunque no fuese leída por nadie, mientras Antonio exista negro sobre blanco en este papel, Antonio tendrá identidad propia. Es un ciudadano de Corrales, un pueblo minero que se extinguió por la especulación inmobiliaria.
Paco Huelva
Septiembre de 2014
(De mi libro “Y cien”)

Bichos I

From Particulares. Published on 02/09/2014.


La esquila del cordero: Tolón, tolón. Las borregas balan pidiendo sus raciones de pienso y de agua mientras entretienen el tiempo ramoneando hierba. Un cárabo a la derecha, en la lejanía, y otro a la izquierda, más cercano, se hablan: ora lo hace uno, ora otro. ¿Serán poemas de amor lo que se cantan? Ladridos aquí y allá: desafinada orquesta sin director posible. Los ruiseñores se enseñorean en las espinadas zarzas y elevan sobre el murmullo sus firmes y bien entrenados gorjeos -mientras picotean maduras y brillantes moras- tratando de encumbrar en el aire un primer violín que de sentido al ritmo caótico de esta deflagración de eufonías. El caballo, majestuoso alazán del viento, arrastra los belfos cortando con las teclas de su piano de blancos y largos dientes los incipientes brotes de hierba fresca y verde; cuando lo miro, agacha un poco el cuarto trasero, iza el rabo, se escarrancha, y alivia su vejiga con un chorro humeante y vaporoso que agujerea el reseco suelo. Los cerdos gruñen mientras hociquean la levantada tierra en busca de raíces y gusanos. Los gatos, por el tejado, andan alzando tejas a la búsqueda de gorriatos de corta edad y leve vuelo con quienes preparar la cena. Los grillos y las chicharras se enzarzan en rumorosas y alocadas charlas que ni ellos mismos entienden. Las salamanquesas se instalan en las recién encendidas luces del exterior de la casa para tapear polillas, mosquitos y variedades diversas de incautos insectos que acuden a la luz cegados por la ignorancia; las salamandras, permanecen inmóviles de cuerpo, rotando solo los visores de sus saltones ojos y, cuando los tienen a tiro, disparan su elástico cuerpo enlodando a las presas en su pegajosa saliva, hasta que, de varios movimientos rápidos las engullen y… ¡a continuar la caza!
Nubes grises de azuladas ramas provenientes del Atlántico se elevan sobre el “Cabezo del Cojo” mientras caminan, serenas y confiadas en su fuerza, al lugar adecuado donde descargar los húmedos senos rebosantes de fértiles aguas con las que darán de mamar a la enflaquecida y sedienta tierra que clama su orfandad estival esperando la otoñada. El púrpura se agota en el horizonte y, lenta pero precisa, aparece la manta negra de la noche sin luna y alejadas estrellas. Una leve brisa, fina y enjuta como mujer atormentada, mece las hojas de olivos, de alcornoques y parras, de castaños e higueras, de madroñales y encinas…, de todo lo que levemente cuelga y pende en esta mi tarde enamorada, de este lugar, de esta sierra, de estas gentes y de estos bichos, en que paseo la mirada.
Paco Huelva
Septiembre de 2014

El terror y sus formas

From Particulares. Published on 02/09/2014.


No sé cómo la ciudadanía perteneciente al pueblo de Israel, viva en donde viva, puede manejarse con su conciencia teniendo en cuenta las barbaridades que están realizando sus dirigentes con la ciudadanía palestina, después del terrorífico e inadmisible pasado que soportaron: el genocidio llevado a cabo contra ellos por los nazis.
No lo comprendo. La brevedad de la memoria judía me abruma.
El posicionamiento de Israel (pese a la actual suspensión de actos bélicos, en la que ha tenido mucho que ver la presión contra el Gobierno de infinidad de ciudadanos -incluso propios-, organizaciones humanitarias internacionales y países concretos; y quizá también, por una cuestión táctica, no seamos ilusos) frente a la población palestina, es un calco, decía, al que padecieron los judíos en el genocidio que su pueblo sufrió por parte de los fascismos no hace tanto tiempo.
Y eso es lo que asombra, la desmemoria selectiva. Al igual que son de selectivas las incursiones matando a personas civiles argumentando “razón de Estado” para ello.
La resolución 51/210, de 16 de enero de 1997, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas, establece en el punto 1.2 lo siguiente:
“Reitera que terrorismo son los actos criminales encaminados o calculados para provocar un estado de terror en el público en general, un grupo de personas o personas particulares para propósitos políticos; es considerado un acto injustificable en cualquier circunstancia, cualesquiera que fueran las consideraciones políticas, filosóficas, raciales, étnicas o de cualquier otra naturaleza que puedan ser invocadas para justificarlos.”
Así que, la razón de Estado por parte de Israel, está completamente invalidada como justificación, en este despecho de sus empecinados gobernantes y que se viene trasladando en el tiempo como bola de nieve sin llegar a subsumirse.
Pero, claro, el terrorismo de Estado es muy difícil de probar y, cuando se hace, el daño ya está realizado y sólo quedan camposantos llenos de inocentes, dramas sociales y familiares, generaciones perdidas, ilusiones rotas y todas esas cosas que sabemos.
Inestabilidad, en definitiva. ¿Y si lo que se persigue con el terrorismo es precisamente eso? ¿Y si quien lo niega de forma continua aunque lo realice, apoyado por otros países o corporaciones multinacionales o religiosas, que me da lo mismo, es eso lo que persiguen? Pues entonces, no hay duda, estamos ante el uso del terrorismo por parte de un Estado.
El político, periodista y escritor argentino Miguel Bonasso, autor de “El terrorismo de estado”, exmilitante de la organización guerrillera Montoneros, dice que: “el terrorismo de Estado es una denominación que se da al modelo estatal contemporáneo que se ve obligado a trasgredir los marcos ideológicos y políticos de la represión “legal” y debe apelar a “métodos no convencionales”, extensivos e intensivos, para aniquilar a la oposición política y a la protesta social, ya sea de forma armada o desarmada”.
Pero, continúa Bonasso: “El terrorismo de estado está atrapado en la contradicción: debe difundir sus prácticas más crueles y aberrantes para generalizar el terror y asegurar la dominación pero debe, al mismo tiempo, negar su autoría para no trasgredir las normas jurídicas internas e internacionales que aseguran, en teoría, el respeto a los derechos humanos”.
¿No les suena todo esto? ¿De verdad que no?
El estratega militar y filósofo Sun Tzu, vino a decir hace la friolera de 2500 años, en un escrito realizado en una tablilla de bambú y denominado “El arte de la guerra” el siguiente axioma: “…mata a uno y espantarás a diez mil”. Pues eso.
El terrorismo es inadmisible, siempre. Pero mucho más cuando los encargados de llevarlo a efecto o forman parte de la estructura de un Estado o han sido contratados por éste para ejercer una presión ilícita contra los derechos inalienables del ser humano.
Paco Huelva
Septiembre de 2014

Atropello en Isla Chica

From Particulares. Published on 02/09/2014.

Estimados paisanos, soy vecino de la accidentada y aunque nacido en Huelva vivo en Galicia por asunto de trabajo, estoy de vacaciones y la noticia  del atropello de nuestra querida amiga Eusebia, a mi Madre y a mí nos  impactó mucho, somos vecinos desde hace más de cincuenta años ¨En el barrio de la guita¨ […]

Los bienes de este mundo, de Irène Némirovsky

From Particulares. Published on 01/09/2014.

los-bienes-de
“Una de las virtudes de las novelas de Némirovsky es que nunca te dejan indiferente y, cuando acabas, puedes llegar a sentirte tan atormentado contigo mismo como los personajes cuyas vicisitudes has estado siguiendo, en un estado a medio camino entre el estupor, la admiración y la rabia”.
(Jesús Ferrero, mayo de 2009, Archivo EL PAÍS)

Lo primero que leí, hace años, de Irène Nemirovsky fue “El baile”. Una “nouvelle” que en palabras del crítico Francisco Solano es “la obra más irrefutable de su excelente arte literario”. Recuerdo de ella la desazón que me produjo su lectura. El dolor y las maquinaciones (que hice mías) de una niña de catorce años que ha de esconderse en la habitación de su propia casa, por una gran fiesta, con baile incluido, que dan sus recién adinerados padres, y todo, para que su madre, su “querida” y odiada madre, pueda aparentar menos edad de la que tiene; cuestión que se iría a la ruina si supieran sus galanes invitados que es madre de una hija de tal edad. Una minúscula joya literaria sobre la mezquindad del ser humano, idiocia no congénita incluida.
Después vendría la búsqueda de otras novelas de Némirovsky: “Suite francesa”, “El ardor en la sangre”…, la biografía “La vida de Chéjob”, y, ahora, “Los bienes de este mundo” editada por Salamandra.
Las obras de Némirovsky, que murió a los 39 años de edad en Auschwitz, por su condición de judía, supusieron un bombazo para la conciencia de muchos franceses en cuanto refleja el cinismo con que se comportaron, y el colaboracionismo, en su caso, de muchos de sus dirigentes nacionales en el llamado gobierno de Vichy.
En 1940 Francia promulgó una serie de leyes antisemitas que impidieron que los judíos pudieran trabajar, que obtuvieran la nacionalidad francesa y que, a la postre, al comienzo de la II Gran Guerra, traería el arresto de los mismos por la propia gendarmería francesa, su ingreso en campos de concentración como el de Pithiviers, y la posterior deportación a campos alemanes. Una historia esta última poco conocida y que Némirovski deshoja poco a poco como una cronista en sus obras, que, dada la censura, no vieron la luz, la mayoría de ellas, hasta después de 1947.
“Los bienes de este mundo” fue publicada de forma anónima, por entregas, en el semanario Gringoire y bajo el pseudónimo “Obra inédita de una mujer joven”, dada la prohibición de trabajar, que, como se ha dicho, el gobierno de Vichy impuso a los judíos. En 1947, cinco años después de su muerte en Auschwitz, vería la luz la edición como novela completa.
En ella se narra las vicisitudes de un pequeño pueblo francés, y las de sus habitantes, a través de los acontecimientos ocurridos en tres generaciones de varias familias “importantes” enfrentadas por el dinero, la usura, los celos… y todas esas fruslerías que hacen de una sociedad provinciana un mundo único e irrepetible de consuetudinarias costumbres, aceleradas aún más, por tener que padecer en una misma vida, en una sola vida -la de cada cual- dos fatídicas y catastróficas guerras mundiales que harán temblar no sólo las estructuras materiales sino los valores: guías inmutables del comportamiento.
La caída de los valores tradicionales, muchas veces enraizados desde tiempo inmemorial; el tener que aceptar que la muerte en la guerra iguala a todos, propietarios y obreros; la llegada de nuevas ideas que rompen la paz del lugar destrozando arcaicas convenciones; el poco o nada valor de la propiedad cuando se acerca una guerra ideológica, como es el caso; la destrucción de los pilares que sostienen un mundo, que para sus habitantes es el único mundo posible porque no conocen otro; y todos aquellos argumentos que pueden observarse en guerras pasadas y presentes, hacen de la novela de Némirovsky un mural en donde reflejar la barbarie que, ahora, en este momento que escribo, se está llevando a cabo contra la población civil en diversos lugares del mundo.
Paco Huelva
Septiembre de 2014

Escritores de todo el mundo piden por el fin del feminicidio y la violencia en México

From Particulares. Published on 27/08/2014.


Auspiciada por el poeta afincado en Huelva Uberto Stabile, esta concentración de escritor@s de 132 ciudades del mundo posicionad@s en contra de la violencia machista, es necesario que sea reconocida y apoyada por el mayor número de creador@s posibles:

http://www.letrap.com.ar/blog/2012/08/31/escritores-de-todo-el-mundo-piden-por-el-fin-del-femicidio-y-la-violencia-en-mexico/

Marco Antonio en Actium, de José Orihuela

From Particulares. Published on 26/08/2014.


Un error demasiado frecuente entre ciertos historiadores consiste en explicar los hechos históricos “post factum”, es decir, explicar los procesos en función de su resultado final.
(José Orihuela)

Licenciado en Antropología Social y Cultural, Doctor en Filosofía y profesor de la UNED en diversas materias: Estructura Social, Historia del Pensamiento Filosófico, Cine y Sociedad… el gaditano José Orihuela, afincado en tierras onubenses, no hace mucho que rebasó las fronteras académicas para sumergirse en el incierto mundo de la narrativa, por un lado en el campo ensayístico (que no es ajeno del todo a la labor docente, habría que puntualizar) y por otro en los géneros del relato y la novela, territorio éste último en donde, por lo general, las herramientas científicas no son tan necesarias aunque ayudan, y, en donde priman mucho más la imaginación desbordada y otros elementos subjetivos que permiten crear mundos paralelos al orbe que vivenciamos, pero que, sin embargo, explican a veces mucho mejor lo que nos rodea que la somatización de conceptos a que nos someten aquellos que inoculan en el cuerpo social, y por tanto en el individual, Ideas que sin ajustarse a la verdad, aprovechando las estructuras de poder en las que se organiza cualquier territorio, las convierten en “verdades” indiscutibles e inmutables, siendo mentira.
José Orihuela ha publicado recientemente en la Editorial Círculo Rojo las novelas “Donde nace el sol” y “Melodía en Atlantis”, las dos primeras partes de una trilogía que lleva por título “La reina del mar”; “El proyecto salvación”, una novela que se está convirtiendo en un fenómeno viral; el libro de relatos [Los papeles de “El lector”] publicado por el Ayuntamiento de San Roque y el ensayo “Marco Antonio en Actium”, editado por la Editorial Seleer, del que hablaremos hoy.
“Marco Antonio en Actium” es un ensayo que cabalga “entre la historia y la antropología política” según manifiesta Orihuela en la introducción del texto. Para ello, el escritor no sólo se ha valido de los hechos históricos reconocidos por grandes valedores sino, también, y muy especialmente, de las interpretaciones realizadas en otras áreas del conocimiento sobre los pormenores de ese siglo aciago que fuera el I a.c., y que vino a traer una revolución en las estructuras social y política del imperio romano: la economía, la sociología, la literatura, el cine, el teatro… para, con todos esos elementos, conformar una nueva y reveladora visión de los posibles hechos acaecidos y de los comportamientos de los intervinientes en los mismos.
Por el ensayo circulan los pensamientos y la palabra escrita de Homero, Plutarco, Pompeyo, Cátulo, Aquiles, Hector, Shakespeare, Hegel, Dumas, Julio Verne, Charlot Brontë, Pascal, Kovaliov, Fuller, Rostovtzeff, Gracia Alonso, Jordi Cortadella, Margaret George, Massie, Antonio Aguilera, Vicente Picón o el cineasta Joseph L. Mankiewicz entre otros muchos.
Aparte de las conclusiones que Orihuela aporta en el último capítulo del libro, que las dejo para que sean constatadas, o no, por los lectores del mismo, hay una serie de consideraciones que me gustaría resaltar:
La evidencia de que Marco Antonio fue una persona que se reinventaba de forma continua para adaptarse a las circunstancias. Era un estratega por antonomasia: un estadista.
Pocas cosas han cambiado en la estructura organizativa de los Estados e Imperios, excepto quizás las aportadas por las revoluciones industrial, tecnológica y telemática, ésta última en los tres últimos decenios.
José Orihuela es un librepensador, además de un ilustrado; por tanto, un hombre incómodo para el poder.
“Marco Antonio en Actium” debe leerse por las siguientes razones: Porque es un libro documentado, porque aporta conocimiento y porque está perfectamente planteado desde el punto de vista narrativo.
Es cierto que el profesor, el pedagogo que hay en Orihuela aparece matizando tal o cual cosa en esta tesis, pero, el discurso de los hechos que debieron acontecer o sucedieron realmente en esa época histórica, a veces pierde la forma de tesis, de ensayo, convirtiéndose en una exquisita narración al alcance de todos los lectores.
Paco Huelva
Agosto de 2014

La otra canción de los pelegrinitos

From Particulares. Published on 25/08/2014.

pelegrinitos

Merkel la pelegrinita
y su esbirro, el pelegrino
Mariano, han hecho el Camino
de Santiago. Y esta cita
ha dejado la mocita
como muestra de su saña:
“Hay que seguir dando caña
al pueblo español sin pausa.
Por el Santo, nuestra causa:
¡SANTIAGO Y SAQUEA ESPAÑA!”

Boletín de novedades

From Particulares. Published on 21/08/2014.

Acabo de estrenar un nuevo boletín de novedades con seguimiento de resultados (enewsletter phpList), a través del cual informaré puntualmente sobre la publicación de nuevos artículos en minombre.es/manuel, así como sobre las novedades más importantes de mis otros sitios web personales: ciclolitoral.org, libreorganizacion.org y mundomejor.org.

Si quieres que te informe puntualmente por correo electrónico sobre estas novedades, entra en el boletín y suscríbete a las categorías que te interesen:

Boletín de novedades

Besos y abrazos,

Manuel


Onubenses.org: Sociedad Civil de Huelva